No quiero.
Está esa chica que me gusta mucho y veo de vez en cuando, Laura, aunque recientemente creo que todas me gustan mucho y ninguna lo suficiente. De ella tal vez me ganó su infinito desprecio por el lugar común, el “no quiero” pegado en la puerta de su cuarto; el gusto por la historia, la teoría social y esas cosas tan padres. Podría ser mas empalagoso al respecto pero no es el caso.
Una semana después de conocerla me la encontré de frente en la biblioteca central, salía mientras yo entraba y se acercó a saludar, talvez debido a mi evidente mirada de “no estoy seguro si eres… y si es conveniente”, platicamos rapidito de noseque. Meses después vi a Laura en una fiesta a la que llegué muy tarde pero pocos minutos después corrió a vomitar al baño. Hace un par de días llegué tarde a otra fiesta de la que ella se fue muy temprano; una hora que pasó muy rápido en lo que agarraba valor, en lo que llego a ese nivel de borracho en el que soy mas o menos elocuente. Sentada en sus medias rosas, me inundaba la vaga sensación de que este podría ser un tren que puede llegar muy lejos o descarrilarse violentamente, ambos estarían bien. Dijo que se me veía bien el corte de pelo, di las gracias y huí como suelo hacer. Luego se fue.
Crudo al día siguiente, descubrí que no dejaba de pensar en ella, así que me dije: vamos a hacerlo creepy. Salí de mi casa apenas pude y anduve una hora en el transporte, quieto a la fuerza, mordía un pedazo de goma sucia para calmar mi prisa. Llegué a la biblioteca central, me detuve en la entrada y estuve fumando, uno tras otro, como esperando, como no teniendo ganas de hacer mis chingados ensayos, también quería correr y regresar a mi casa para ahogarme de marihuano y posponerlo todo un día mas.
Después de 40 minutos entré, tomé el de Latour que necesitaba y me senté lo mas cerca que pude de la entrada. Traté de leer, pero la verdad no quería hacerlo, me empecé a fijar en cada chica mas o menos de su complexión que entraba a la biblioteca. Rayé un par de cosas al azar y transcribí textualmente algunos párrafos, pendientísimo de la puerta. A la media hora salí a fumar otra vez, regresé a copiar párrafos y a vigilar la puerta. Nada. Salí y compré una torta, me encontré a Arturo quien no termina de caerme mal por que me trata muy bien y lo escuché un buen rato balbucear pura mamada de los vientos solares. Ya llevaba casi tres horas esperando. ¿A qué hora estudias o que? Era una pendejada.
En el camino a mi casa me recriminé todo aquello que pude haber hecho mal. Tal vez fue la hora o tal vez usó otra biblioteca o tal vez entró en lo que me comí la torta o tal vez ya está libre de pendientes escolares, cosa que sabría si hubiera hablado con ella el viernes, o tal vez pude encontrarla en la salida de una estación de metro, a la que no llegué por estar perdiendo el tiempo en una biblioteca.
Me pasé toda la noche poniendo a pelear en mi mente a Laura y a Latour, para decidir quien es merecedor de mi tiempo, entre hacer el mugroso ensayo o pasar un rato mas fantaseando sobre ella. Horas planeando en que gastar las horas que ya había devorado mi desidia. Hasta que empezó a amanecer y, furioso conmigo mismo, tuve que ponerme a escribir una bola de pendejadas mal hechas que, no se porque, me hacen merecedor de un punto extra.
Les estoy contando mi día de mañana, así como ven.
Suena como que si. No creo que tengas que preocuparte, uno siempre sale de cosas como esa.
Las mujeres pueden volvernos idiotas, brother.